A pesar de haber comenzado como una tendencia para visibilizar a las personas jóvenes que viven en condiciones de pobreza, el trend ‘Ojitos Mentirosos’ se ha convertido en un escaparate para hacer aún más profundas estas desigualdades entre los jóvenes mexicanos a la vez que estiliza la precariedad.
por Elizabeth González-Manrique| Ilustración: Indigo Staff| Reporte Indigo |29 de Agosto de 2025 00:08 hs. La imágenes están por cientos, sino es que por miles, en TikTok: personas jóvenes, en su mayoría, con la cara pintada como payasos, mostrando puntos de la ciudad en la que viven, con la canción “Ojitos mentirosos”, del grupo musical Tropicalísimo Apache, de fondo.
Se trata de un trend más de esta plataforma de videos, basado en la película Chicuarotes, un filme dirigido por el actor mexicano Gael García Bernal, que retrata la realidad de muchos jóvenes que viven en pobreza en la capital del país.
Las primeras piezas audiovisuales de esta tendencia se originaron en la Ciudad de México, retratando el transporte público y otras situaciones cotidianas de la vida en los barrios.
No obstante, tras su popularización, este trend ha alcanzado prácticamente todos los rincones de México, mostrando cómo suceden estas escenas en cualquier entidad de la república.
De la mano con la viralización, la sección de comentarios de cada video de la tendencia “Ojitos mentirosos”, se ha convertido en un foro, donde personas emanadas de barrios del país, especialmente de las periferias, han acusado la exotización de lo que viven día a día, luchando por subsistir.
Una realidad más allá del trend
“Cagalera” y “Moloteco” son dos jóvenes, de acuerdo con el filme de 2019, se ganan la vida trabajando como payasitos a bordo del transporte público, en donde realizan una rutina de comedia a cambio de unas monedas por parte de los pasajeros.
Ellos, residentes del pueblo San Gregorio Atlapulco, uno de los barrios originarios de la alcaldía Xochimilco, en la Ciudad de México, carecen de oportunidades para encontrar un mejor trabajo, lo que parece cambiar cuando les ofrecen, por dinero, una plaza en el sindicato de electricistas; sin embargo, su ocupación sigue sin poder proporcionarles los recursos para vivir y poder conseguir la cantidad de dinero solicitada, lo que los lleva a cometer delitos.
Al principio inician con asaltos en unidades de transporte público, hasta llegar al secuestro de un niño para solicitar rescate, lo que deriva en una tragedia, especialmente para uno de ellos.
Así como “Cagalera” y “Moloteco”, más de 11 millones de jóvenes viven en situación de pobreza en México, de acuerdo con el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi), a pesar de que durante la última década se ha logrado reducir los niveles de pobreza en todos los grupos poblacionales.
Las brechas de desigualdad que aún persisten, afectan principalmente a la población más joven del país, es decir, aquellas personas que se encuentran entre los 12 y 29 años de edad.
Datos proporcionados por el Inegi después de la realización del índice Medición Multidimensional de la Pobreza, hasta 2024, 11.8 millones de jóvenes se encontraban en estas circunstancias, lo que significa que 1 de cada 3 mexicanos que se encuentra en este rango de edad no pueden acceder a la canasta básica, debido a insuficiencia de ingresos, ni a sus derechos sociales como son salud, educación o vivienda.
No se trata solo de “echarle ganas”
Uno de los señalamientos realizados por usuarios de redes sociales se encuentra en torno a la llamada meritocracia, es decir, a la creencia popular de que el trabajo duro hubiera ayudado a los jóvenes retratados en el filme a salir de su condición.
Sin embargo, de acuerdo con organizaciones como el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), el ascenso económico y social de una persona no se encuentra relacionado con el empeño que se aplica al trabajo, pues elementos como la educación de los padres, el lugar de nacimiento e, incluso, el color de piel son factores que definen la movilidad social.
En el libro “Por una cancha pareja”, Roberto Vélez, director del CEEY, y Luis Monroy, investigador asociado de esta organización, revelan, tras siete años de investigación, cómo influye el entorno en que se nace para que una persona pueda lograr mejorar su calidad de vida.
De acuerdo con el director del CEEY, hay tres factores principales que abonan a la desigualdad de oportunidades los cuales, por ende, impactan de manera negativa en la movilidad social. El primero de ellos se relaciona con el origen socioeconómico de las personas, así como con el nivel de educación de sus padres.
El segundo de estos factores es el territorial o regional, pues las oportunidades de vida también dependen del sitio en donde se nace. La tercera característica que contribuye a que un individuo tenga una baja, o nula, movilidad social es el color de piel, el sexo y si se trata de una persona perteneciente a alguna etnia.
De acuerdo con la investigación de Vélez y Monroy, 74 de cada 100 personas que nacieron en la parte más baja de la escala socioeconómica no logran salir de la pobreza.
La propuesta de esta organización para abatir esta brecha es modificar los principios y la estructura de la sociedad mexicana para que haya sistemas públicos universales de salud, educación, cuidados y seguridad social; así como una regulación de vigilancia estricta para el cumplimiento de políticas de igualdad de trato, sin discriminación por género o tono de piel, a la vez que se trabaje en políticas de compensación temporales para que quienes comienzan su camino con mayores desventajas, puedan tener una competencia justa.
La pobreza como disfraz
El analista de moda y fashion stylist, Emmanuel Castillo, conocido en redes sociales como Manu Styling, menciona que el cambio sucedido en esta tendencia de TikTok, pasando de ser una denuncia social a un trend estético, demuestra la ignorancia con la que frecuentemente se nutren los temas que se posicionan en redes sociales.
“Considero que el tema de lo que está pasando en TikTok, cuando las personas que no están dentro de los conceptos que se están mostrando, de las realidades que está exponiendo un trend, aparte de convertir en un objeto las vivencias de estas personas, solo para lograr reproducciones, sin entender el contexto de dónde viene y la queja sociopolítica que trae.
“Como usuarios de redes, no necesitamos saber de todo, pero tampoco se necesita tener mucha amplitud de visión para entender que este trend habla de ciertas vivencias, de otras circunstancias sociales, a las que estas personas son ajenas”, menciona Emmanuel.
Manu Styling considera que pese a que los usuarios deseen unirse a estas tendencias por sus características estéticas, es necesario tratar de comprender el trasfondo de esta situación y evitar la objetivización.
“Supongamos que de verdad vivo ‘debajo de una piedra’ y abro TikTok y veo el trend y lo quiero hacer. Aún así, hay un freno social, que me hace pensar el por qué debería de subir estas cosas, sin entender de dónde viene (…) queda muy claro cuál es la queja, ¿no?, de dónde viene el dolor o lo que se quiere dar a expresar con este trend. Entonces, evidentemente lo que hacen estas personas es objetificarlo, totalmente sacarlo de contexto, para generar likes”, mencionó.
Lejos de la apropiación cultural
A pesar de que muchos usuarios acusan que este cambio en la tendencia se trata de apropiación cultural, Emmanuel Castillo, aclara que aunque es una situación en la que se demuestra desconocimiento e ignorancia, no cumple con los requisitos para considerar que se trata de este fenómeno sociocultural.
De acuerdo con la Universidad de la Rioja, la apropiación cultural “ocurre cuando personas ajenas a una comunidad adoptan aspectos tradicionales, sin respeto a su significado: ropa, peinados, música, gastronomía, tejidos, símbolos, rituales. No se trata de prohibir la difusión del patrimonio intangible, sino de entender el desequilibrio que existe en su promoción.
“Por lo general, las culturas que son apropiadas pertenecen a pueblos originarios históricamente oprimidos. Quienes toman los bienes culturales sin autorización, suelen tener más visibilidad, recursos, de hecho, la mayoría obtiene ganancias económicas, con lo que para otros es identidad y herencia. En México, este es un tema delicado por la presencia de pueblos indígenas, los cuales han visto cómo sus diseños y hasta celebraciones son replicados sin consentimiento, tanto en el ámbito nacional como internacional”, menciona esta casa de estudios.
Emmanuel considera que dado que estas características (el maquillaje u otros elementos del trend), no se encuentran asociadas de manera histórica, espiritual o social al sector más desfavorecido de la sociedad, no se trata de apropiación cultural.
“Apropiación cultural, como tal, es tomar elementos de alguna pieza cultural que tenga que ver con la parte casi religiosa, cosmogónica, que está relacionada a cierto grupo cultural y, como tal, no tenemos todavía una parte relacionada a cierto tipo de maquillaje, hacia un lugar, o un grupo social, porque es algo casi intangible, pero, al mismo tiempo, coincide con muchos elementos que representa la apropiación cultural. Digamos que estamos en el límite”, menciona Castillo.
Educar y educarse desde la viralidad
Al no sentirse representados por quienes comenzaron el trend, pero estar atraídos hacia la estética del mismo, jóvenes de clases económicas más favorecidas, buscan acceder a esta tendencia, acompañados de equipo de grabación profesional, maquillaje más sofisticado y prendas de marcas reconocidas, lo que desvirtúa la intención del trend.
Y aunque pareciera algo inofensivo, el “blanqueamiento” de esta tendencia usada para visibilizar la pobreza en zonas de varias ciudades, termina por convertirse en una tendencia para demostrar el acceso a equipo cinematográfico, maquillaje de alta gama, entre otros artículos.
“Como no me gusta el trend tal y como sucede, porque no me representa, no me representan estas personas en situaciones diferentes a mí económica o socialmente y hasta por el color de piel, pues mejor lo hago más bonito, lo glamourizo, le quito la parte social para hacerlo coqueto.
“Entonces, se pierde absolutamente el concepto del trend y se vuelve banal, frívolo y hasta materialista, además de clasista y racista, pues a nivel sociocultural está esta parte intangible de lo que significa el barrio, estas vivencias, lo que significa vivir día a día, el luchar dentro de una sociedad que es plenamente clasista y racista.
El especialista en moda e historia de la moda resalta el peligro de transformar esta denuncia en un trend estético, que es objetificar totalmente una situación social y económica que está pasando. Es decir, banalizar el concepto para hacerlo más bonito.
“Está a un paso de lo que está pasando en editoriales que glamourizan la pobreza y la precariedad, con estilos como el ‘homeless chic de los 90’, lo que en su momento también hizo Balenciaga.
“También estamos hablando de editoriales en donde se ha dado la exotización de la gente, sobre todo, con sus modelos blancas, extranjeras, con looks cool, pero en este mercados de México cuando se toma como un prop (utilería)a las personas de pueblos originarios escenarios para que se vea bonita la foto, entonces sí, digamos que es una una pieza de este efecto dominó, ya que esto hace que se objetifique, se banalice, se nulifique, pero por otro lado, yo creo que lo que llega a ser bueno, porque siempre todo tiene que tener un lado bueno, y este es que se haga mención de esta objetificación”, concluye Emmanuel.